Museo de Arte Moderno de Sao Paulo (MASP) - Lina Bo Bardi


Después de realizar una de las obras más interesantes dentro de su carrera, la Casa del Vidrio, y definir el proyecto irrealizado para un museo al borde del océano en San Vicente en el año 1957, la arquitecta comienza  a proyectar el nuevo Museo de Arte de San Paulo. Este trabajo se establece sobre un solar donde se localizaba el antiguo Belvedere de Trianon; una parcela que fue cedida gratuitamente  por el ingeniero que construyó la gran avenida Paulista, con la condición de que cualquier obra que allí se construyese nunca debía interrumpir la vista privilegiada que se tenía desde la avenida hacía el resto de la ciudad y hacía la Sierra de Cantareira. Ante este fuerte condicionante Lina Bo Bardi responde con una apuesta radical, un edificio “Mirador” que integre las exigencia del programa, que responda a los fuertes condicionantes del entorno, y que no interfiera en la identidad de un pedazo de terreno desde el cual se podía siempre divisar aquella perspectiva singular de la ciudad.
El complejo museístico se compone así de un primer elemento-plataforma  semienterrado, cuya cubierta se alinea con la rasante de la gran avenida: Mediante esa disposición, la misma se convierte en una gran plaza pública o espacio multifuncional de infinitas posibilidades a la vez que funciona como mirador sobre la ciudad. Este recinto de acceso al centro se organiza mediante una secuencia de escalera-hall cívico-escalera que atraviesa los niveles inferiores y, no sólo sirve para conducir a los visitantes a la zona de restaurante, biblioteca y auditorio, sino que además actúa como un mecanismo a escala urbana, una suerte de promenade architecturale, que propone una interesante y sugerente  transición entre la  Avenida Paulista y el contiguo Parque del Trianon.
La construcción es de un marcado carácter horizontal se desarrolla paralela a la gran vía principal de la ciudad y se posa con sus grandes patas rojas sobre la parcela, en un marcado tour de forcé que se instituye en el principal gesto del proyecto. Este planteamiento permite así la liberación visual de la porción de superficie que ocupa, tal y como teorizaba Le Corbusier, contraponiéndose también de manera enérgica al ritmo extremadamente vertical de una ciudad plagada de rascacielos. En la actualidad, el Museo de Arte de sao Paulo ofrece a la ciudadanía un lugar de usos cambiantes: parque infantil, conciertos, mercadillos, exposiciones etc., un espacio -como la propia Lina definiría- para la libertad, tema central y recurrente en toda la obra de la arquitecta.
Sobre un vacío de 8 metros de altura, se alza el segundo cuerpo que conforma la pieza central del proyecto. Una gran caja abstracta elevada dispuesta sobre un vano de 70 metros de luz, con 29 metros de ancho y 14 metros de altura, apoyada y dependiente de un peculiar sistema estructural de hormigón armado pretensado. Un recurso constructivo nunca antes empleado en Brasil y que, en este caso, está formado por cuatro grandes pilares y dos grandes vigas pintadas de un color rojo intenso muy empleado siempre en la obra de esta arquitecta.
Este inmenso contenedor de hormigón y vidrio, que recuerda a la arquitectura de Mies Van Der Rohe y que parece flotar sobre la gran plaza vestibular, es totalmente diáfano en su interior. Un inmenso espacio sin pilares, que alberga la pinacoteca del centro, y es el lugar de mayor carga simbólica de la construcción. Como si de un cofre del tesoro se tratase, la arquitecta idea un peculiar sistema de sustentación y presentación de los cuadros sobre paneles de vidrio. El conjunto proyectado inicialmente produce una sensación mágica y desconcertante ya que las obras expuestas parecen flotar autónomas en el interior de esa caja de luz.
Lina Bo Bardi, fue una arquitecta formada entre Roma y Milán donde trabajó con grandes artistas como Giorgio de Chirico, Roberto Rosselini y Gio Ponti entre otros. Gran conocedora, por tanto, de las vanguardias europeas, emigra a Brasil huyendo de la Guerra en el año 1946. Nada más desembarcar en el país tropical, se relaciona y  conoce la arquitectura moderna brasileña auspiciada por Lucio Costa y Oscar Niemeyer, heredera directa del maestro suizo. Una forma tropical de expresión arquitectónica contemporánea que la fascina y marca profundamente.
La calidez, el carácter humilde y agradable de la gente, la inmensidad de Brasil, junto a lo exuberante de su naturaleza, despertó en la joven arquitecta un entusiasmo que la llevó a explorar y a conocer incansablemente la cultura de gran parte del país. Quedaría para siempre fascinada por lo primitivo, la falta de medios, la simplificación formal y la potencia de las expresiones artísticas cariocas, buscando paralelismos con el Arte Povera y Conceptual.; también con las propuestas dadaístas e incluso con el Pop Art. En otro orden de cosas, intentó constantemente establecer mecanismos de tecnificación de los procesos artesanos, para encontrar de esta manera una forma de expresión diferente relacionada con la identidad moderna de Brasil.
El MASP, es antesala de otro de sus grandes proyectos, el Centro Cultural Sesc de Pompeia. Otro icono monumental de la ciudad, y durante muchos años el museo más importante de Iberoamérica, fue brillantemente gestionado por el matrimonio Bardi. Sesc Pompeia ha contribuido determinantemente al desarrollo cultural de San Paulo pues ha sido un novedoso espacio, no solo de exposición sino de búsqueda del conocimiento y de la difusión de las artes, una autentica máquina creadora, que ha tratado siempre de despertar la conciencia colectiva y conciliar a todo un pueblo con el arte de sus integrantes más creativos.

fuente: arquiscopio.com

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